Seminario CEA UC – ICLAC abordó la histórica penetración del salitre chileno en Asia

El martes 9 de junio se realizó el seminario “Entre el comercio y la guerra: el salitre en Asia durante los conflictos sino-japoneses (1904-1943)”, organizado por el Centro de Estudios Asiáticos UC (CEA UC) en colaboración con el Núcleo Milenio ICLAC. El encuentro se desarrolló en la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile y estuvo a cargo de Lucas Maubert (卢卡斯·莫贝尔), posdoctorando ICLAC.

Durante su presentación, el historiador expuso cómo la temprana inserción de Chile en la economía global a fines del siglo XIX expuso al país a factores exógenos. Esto generó una extrema vulnerabilidad en torno al salitre, cuyas exportaciones llegaron a representar la mitad de las rentas fiscales del Estado. Esta fragilidad quedó en evidencia con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, un conflicto que paralizó el transporte marítimo transatlántico, obligó a cerrar más de cien oficinas salitreras y desató una severa recesión e inflación en el país. Frente al colapso de los mercados europeos, la diplomacia nacional vio en el Extremo Oriente (particularmente en Japón y China) una vía de absorción estratégica para el fertilizante.

Propaganda adaptada y pragmatismo geopolítico

Para sostener esta penetración comercial, se desplegó una intensa labor de propaganda que, si bien nació de los propios empresarios a través de entidades como el Permanent Nitrate Committee de Londres, terminó siendo financiada de forma mixta con un rol mayoritario del Estado chileno. Maubert detalló que la estrategia en Asia se centró en promover las virtudes del nitrato de sodio para la agricultura por sobre su uso bélico, adaptando la iconografía a las realidades locales mediante iniciativas como el financiamiento de concursos de cultivo de col china. Este despliegue funcionó a su vez como un motor de “imagen país”: a principios del siglo XX el salitre era tan crucial para la reputación nacional que, en varias exposiciones universales de la época, Chile no participaba con un pabellón oficial propio, sino a través de los stands de Nitrato de Chile.

Sin embargo, estas gestiones chocaron constantemente con los asedios bélicos de la región, obligando a la Cancillería a operar bajo un estricto pragmatismo. Un caso paradigmático expuesto en la jornada fue la postura de Chile tras la invasión japonesa de Manchuria en 1931: en la Sociedad de las Naciones en Ginebra, la delegación nacional fue la única en abstenerse de votar las mociones de condena contra Tokio. Según las instrucciones enviadas por el entonces canciller Miguel Cruchaga Tocornal, esta decisión buscaba proteger la balanza comercial favorable con Japón y no entorpecer las gestiones para rebajar los aranceles de internación del salitre.

El encuentro concluyó con un diálogo junto a los asistentes, donde se reflexionó sobre la histórica falta de diversificación productiva de Chile y cómo la decodificación de los conflictos asiáticos del pasado ofrece una perspectiva fundamental para comprender los dilemas geopolíticos y comerciales del presente.

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